Todo el mundo sabe que practicar deporte tiene múltiples beneficios para la salud. Sin embargo, nos encontramos ante una sociedad cada vez más atada a las pantallas y al consumo de contenido rápido y poco profundo.
En este escenario tan complejo, encontramos algunos valientes que se atreven a hacer deporte por placer, por diversión e incluso por salud, aunque no podemos descartar a aquellas personas que lo hacen con el propósito de presumir en redes sociales de un estilo de vida saludable o de un cuerpo de ensueño.
Para todos aquellos que están convencidos de que el deporte puede ayudarles a mejorar su calidad de vida, vamos a enumerar una serie de beneficios que deberían tener el pero suficiente para fomentar la adherencia al deporte:
Practicar deporte de forma regular mejora la percepción de una persona sobre sus posibilidades académicas, teniendo un impacto positivo para su educación (Palou, 2022).
Puede mejorar significativamente el estado de ánimo de la persona y actuar de manera positiva en su salud subjetiva (Biddle, Fox, y Boutcher, 2000).
Permite disminuir los niveles de ansiedad (Akandere y Tekin, 2004), siendo una herramienta perfecta para aprender a controlar las emociones.
incrementa la autoestima (Fernández-Ozcorta, Almagro, y Sáenz-López, 2015; McAuley, Mihalko, y Bane, 1997), fomentando la superación de dificultades en las relaciones sociales y construyendo relaciones de calidad.
Estos beneficios son más que suficientes para justificar la necesidad de hacer deporte, pero se dedicará otro artículo para hablar de los cambios físicos y adaptaciones que reforzarán los argumentos planteados hasta ahora.
Akandere, M., y Tekin, A. (2004). Efectos del ejercicio físico sobre la ansiedad. PubliCE Standard. Recuperado en https://g-se.com/es/journals/publice-standard/articulos/efectos-del-ejercicio-fisico-sobre-la-ansiedad-478
Bailey, R., Cope, E., & Parnell, D. (2015). Realising the benefits of sports and physical activity: The human capital model. Retos, 28, 147–154.
Biddle, S. J. H., Fox, K. R., y Boutcher, S. H. (2000). Physical activity and psychological well-being. Londres: Routledge.
Bouchard, C., Shephard, R. J., Stephens, T., Sutton, J. R., y McPherson, B. D. (1990). Exercise, fitness and health. A consensus of current knowledge. Champaign: Human Kinetics.
Fernández-Ozcorta, E. J., Almagro, B. J., y Sáenz-López, P. (2015). Inteligencia emocional percibida y el bienestar psicológico de estudiantes universitarios en función del nivel de actividad física. Cultura, Ciencia y Deporte, 10(28), 31-39.
García, Y., Matute, S., Tifner, S., Gallizo, M. E., y Gil-Lacruz, M. (2007). Sedentarismo y percepción de la salud: Diferencias de género en una muestra aragonesa. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, 7(28), 344-358. Recuperado en http://cdeporte.rediris.es/revista/revista28/artgenero70.htm
Jiménez, M. G., Martínez, P., Miró, E., y Sánchez, A. I. (2008). Bienestar psicológico y hábitos saludables: ¿están asociados a la práctica de ejercicio físico? International Journal of Clinical and Health Psychology, 8(1), 185-202.
Lawlor, D. A., y Hopker, S. W. (2001). The effectiveness of exercise as an intervention in the management of depression: Systematic review and metaregression analysis of randomised controlled trials. British Medical Journal, 322, 763-767.
McAuley, E., Mihalko, S. L., y Bane, S.M. (1997). Exercise and self-esteem in middle-aged adults: Multidimensional relationships and physical fitness and self-efficacy influences. Journal of Behavioural Medicine, 20, 67-83.
Palou, A. (2022). Los beneficios académicos del deporte organizado en el tránsito a la enseñanza postobligatoria. OBETS. Revista de Ciencias Sociales, 17(1), 121–134. https://doi.org/10.14198/OBETS2022.17.1.07